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Cada una de nosotras tiene una única
misión en este mundo. Nuestra vocación es esta. Nosotras
solamente tenemos que cumplirla. Nadie puede hacer lo que se
supone que yo tengo que hacer. La misión de Cristo fue la de
revelarnos al Padre y hacer visible el invisible rostro de
Dios. ¡Esto lo hizo a través de su vida, su enseñanza, su
ministerio, y finalmente a través de su muerte! He sido
enviada a este mundo, se me ha dado la vida para que pueda
continuar la misión de Cristo: proclamar la Paternidad y
Maternidad de Dios y que todos somos hermanos y hermanas.
Jesús dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, por lo
tanto tengo que ir por este Camino, conocer esta Verdad, y
vivir esta Vida. Mi vocación implica, por consiguiente, que
comparta gratuitamente con otros lo que he descubierto, el
tesoro que he extraído, las riquezas que he heredado. Todas
hemos sido llamadas a hacer este descubrimiento, a caminar
por este camino, a poseer este tesoro. Quizás no seremos el
sol, pero cada una de nosotras puede ser la pequeña lámpara
de barro que hace desaparecer la oscuridad de nuestros
ángulos en este mundo, y alivia la oscuridad del dolor y el
sufrimiento a nuestro alrededor. ¡Tomemos seriamente nuestra
vocación, y continuemos nuestra andadura descubriendo y
compartiendo la buena noticia del hallazgo del tesoro;
llevemos a otros hacia este TESORO-que es Dios, EL ORIGEN DE NUESTRA EXISTENCIA!
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