¿Qué nos aporta la oración?

Para algunos, la oración aparece como algo inútil y tiempo perdido.
En realidad la oración puede aportarnos mucho: nos da la paz interior, distensión y fuerzas para vivir; nos pone en una actitud de confianza. Ayuda a vernos con clarividencia. Adquirimos conforto y esperanza. Nos proporciona el distanciarnos de nuestros problemas y verlos desde otra perspectiva. Nos ayuda a centralizarnos en lo esencial y no dejarnos liar por lo que hacemos. El recogimiento es necesario para tener una vida humana de calidad. Sin embargo no se trata de orar porque ‘sirve para algo’. Ante todo la oración es algo que se hace gratuitamente. Es una búsqueda de relación con Dios.

¿Qué es lo más esencial en la oración?

Es la forma de nuestra relación con Dios, una relación amigable con Dios, un cara a cara con Él.
Orar es amar y dejarse amar. Orando encontramos a Dios de la misma manera que se encuentran dos amigos. Es una actitud de apertura a Alguien que nos sobrepasa infinitamente. Un paso hacia la disponibilidad y la confianza en Dios que aboca en una mirada luminosa y profunda sobre el sentido de nuestra vida.
Para orar hay que mantenerse en presencia de Dios, con el corazón abierto y disponible. En la oración le pedimos a Dios que nos llene de su presencia. Ella nos dispone a entrar progresivamente en el proyecto de Dios.

¿Cuáles son las diferentes formas de oración?

La oración puede tomar formas muy diferentes: oración de petición, de acción de gracias, de alabanza, recitar una oración, rezar el rosario, hacer el “Via Crucis”, recitar el oficio litúrgico, participar en la Misa, hacer la meditación, la lectura de la Biblia, la adoración. Se puede orar en alta voz o bien orar con el corazón, orar sólo o bien orar con otros.

No logro recoger mis sentidos, siempre tengo “distracciones”

A menudo estamos asaltados por distracciones, pero a veces nos sirven para elevar nuestro corazón a Dios, y hacer de ello ocasión de oración. Las distracciones son a menudo la vida que surge en medio de la oración. De todos modos, Dios conoce nuestra debilidad, Él es sensible a nuestra buena voluntad. Nos prefiere distraídos más que ausentes.
Cuando estamos distraídos, acordémonos que el Espíritu Santo habita en nosotros y ora en nosotros. Podemos ofrecernos a Dios tal como somos, con nuestras distracciones.

Yo no siento nada, tengo el corazón árido, la oración me aburre.

A veces no sentimos la presencia de Dios, estamos faltos de gusto por la oración, nos aburre. Es una prueba difícil de soportar, pero el amor de Dios no es sólo sentimiento. El verdadero amor trasciende la parte afectiva. Esta prueba es un camino de purificación para descubrir el amor auténtico. La aridez es el momento de la perseverancia. Se puede aceptar aburrirse… por amor. Hay que aprender a escuchar el silencio de Dios.

Cuando quiero orar no sé qué decir

Antes de hablar a Dios, hay que escuchar su Palabra, que nos la dirige de diferentes maneras y particularmente en la Biblia. Dios nos habla antes de que nosotros le hablemos. Es muy bueno quedarse en recogimiento y en silencio ante Dios que acoge nuestra presencia sencilla y generosa.
Cuando no se encuentran palabras para orar, puede ayudar el recitar una oración o la lectura de un texto de oración. Además, la oración no tiene por qué ser forzosamente formulada por palabras o frases, es sobre todo una disposición de espíritu y corazón que puede expresarse también por gestos.

Me desanimo porque no me escucha lo que le pido.

Nuestra oraciones son siempre escuchadas, pero no siempre como nosotros quisiéramos. Cuando se hace una oración de petición, hay que aceptar con buen corazón que Dios no escucha de la manera como lo deseamos. Estemos ciertos de que Dios escucha nuestra oración y nos ofrece su ayuda. La oración de petición es sobre todo expresión de nuestras necesidades, pero sólo se lleva a cabo con apertura y confianza.

¿Cómo hay que comenzar la oración?

Antes de entrar en oración ante todo hay que tomar el tiempo para instalarse en una posición estable, en actitud corporal de oración.
Entonces se puede empezar la oración tratando de ponerse “en presencia de Dios”. Hay que vaciarse de sí mismo para ponerse ante Dios. De hecho Dios está presente en el corazón del hombre y, para encontrarle, es necesario concentrarse en sí mismo. El silencio necesario para la oración es sobre todo el silencio interior.
Es bueno pedir humildemente la ayuda del Espíritu Santo.

“ El Espíritu socorre nuestra debilidad. Aunque no sabemos pedir como es debido, el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inarticulados. Y el que sondea los corazones sabe lo que pretende el Espíritu cuando suplica por los consagrados de acuerdo con Dios”. (Rom 8,26-27)

¿Cuándo orar?

Se puede elegir un momento propicio durante el día y mantenerlo regularmente. ¿Cuál es el momento en el que estoy más disponible? Hay que determinar una cita con Dios y decidir el dedicar a la oración un cierto tiempo cada día. Es importante mantener una cierta regularidad.

También se pueden captar las ocasiones que pasan en la vida de cada día, para que nazca en nuestro corazón un movimiento de acción de gracias o de súplica. Nuestra oración necesita apoyos exteriores prácticos: un texto que nos impacta, una imagen religiosa, la potencia religiosa de la luz de una vela, el calor de las asambleas de oración, el fervor de los cantos, un rosario, un grupo de oración, la oración en familia con los niños… etc. Todo ello puede sostener nuestra oración y fortificarla. Cada uno puede encontrar lo que más le convenga.

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