No logro recoger mis sentidos, siempre tengo “distracciones”
A menudo estamos asaltados por distracciones, pero a
veces nos sirven para elevar nuestro corazón a Dios, y hacer de
ello ocasión de oración. Las distracciones son a menudo la vida
que surge en medio de la oración. De todos modos, Dios conoce
nuestra debilidad, Él es sensible a nuestra buena voluntad. Nos
prefiere distraídos más que ausentes.
Cuando estamos distraídos, acordémonos que el Espíritu Santo
habita en nosotros y ora en nosotros. Podemos ofrecernos a Dios
tal como somos, con nuestras distracciones.
Yo no siento nada, tengo el corazón árido, la oración me
aburre.
A
veces no sentimos la presencia de Dios, estamos faltos de gusto
por la oración, nos aburre. Es una prueba difícil de soportar,
pero el amor de Dios no es sólo sentimiento. El verdadero amor
trasciende la parte afectiva. Esta prueba es un camino de
purificación para descubrir el amor auténtico. La aridez es el
momento de la perseverancia. Se puede aceptar aburrirse… por
amor. Hay que aprender a escuchar el silencio de Dios.
Cuando quiero orar no sé qué decir
Antes de hablar a Dios, hay que escuchar su Palabra,
que nos la dirige de diferentes maneras y particularmente en la
Biblia. Dios nos habla antes de que nosotros le hablemos. Es muy
bueno quedarse en recogimiento y en silencio ante Dios que acoge
nuestra presencia sencilla y generosa.
Cuando no se encuentran palabras para orar, puede ayudar el
recitar una oración o la lectura de un texto de oración. Además,
la oración no tiene por qué ser forzosamente formulada por
palabras o frases, es sobre todo una disposición de espíritu y
corazón que puede expresarse también por gestos.
Me desanimo porque no me escucha lo que le pido.
Nuestra oraciones son siempre escuchadas, pero no
siempre como nosotros quisiéramos. Cuando se hace una oración de
petición, hay que aceptar con buen corazón que Dios no escucha
de la manera como lo deseamos. Estemos ciertos de que Dios
escucha nuestra oración y nos ofrece su ayuda. La oración de
petición es sobre todo expresión de nuestras necesidades, pero
sólo se lleva a cabo con apertura y confianza.
¿Cómo hay que comenzar la oración?
Antes de entrar en oración ante todo hay que tomar el
tiempo para instalarse en una posición estable, en actitud
corporal de oración.
Entonces se puede empezar la oración tratando de ponerse “en
presencia de Dios”. Hay que vaciarse de sí mismo para ponerse
ante Dios. De hecho Dios está presente en el corazón del hombre
y, para encontrarle, es necesario concentrarse en sí mismo. El
silencio necesario para la oración es sobre todo el silencio
interior.
Es bueno pedir humildemente la ayuda del Espíritu Santo.
“ El Espíritu socorre nuestra debilidad. Aunque no
sabemos pedir como es debido, el Espíritu mismo intercede por
nosotros con gemidos inarticulados. Y el que sondea los
corazones sabe lo que pretende el Espíritu cuando suplica por
los consagrados de acuerdo con Dios”. (Rom 8,26-27)
Se puede elegir un momento propicio durante el día y
mantenerlo regularmente. ¿Cuál es el momento en el que estoy más
disponible? Hay que determinar una cita con Dios y decidir el
dedicar a la oración un cierto tiempo cada día. Es importante
mantener una cierta regularidad.
También se pueden captar las ocasiones que pasan en la
vida de cada día, para que nazca en nuestro corazón un
movimiento de acción de gracias o de súplica. Nuestra oración
necesita apoyos exteriores prácticos: un texto que nos impacta,
una imagen religiosa, la potencia religiosa de la luz de una
vela, el calor de las asambleas de oración, el fervor de los
cantos, un rosario, un grupo de oración, la oración en familia
con los niños… etc. Todo ello puede sostener nuestra oración y
fortificarla. Cada uno puede encontrar lo que más le convenga. |