P R A Y E R


San Francisco nos indica un camino para acercarnos, leer, interiorizar, restituir y vivir la Palabra de Dios, a nivel personal y comunitario. 

1. Preparación

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Un momento de silencio.

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Dedicar el primer momento para invocar al Espíritu Santo.

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Iluminada por el espíritu, intentar apartar los obstáculos, permanecer en silencio y concentrar nuestra atención en la escucha de la Palabra. 

2. Lectura y escucha de la Palabra de Dios

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Momento de silencio personal para interiorizar la Palabra.

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Retomar frase por frase para asimilarla bien. En el grupo cada una puede decir lo que el texto le inspira.

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Elegir una frase que considero como enviada personalmente para mí.

punto elenco Unos momentos de silencio para examinar cuáles son los retos para vivir esta Palabra.

3. Restitución.

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Restituir a Dios la Palabra recibida por su Espíritu, por medio de una oración personal de alabanza, de acción de gracias

4. Disposición para vivir la Palabra de Dios

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Desde la escucha de la Palabra recibida, hacer un propósito personal concreto.

Una realización de la lectura orada: Lc 10,25-37

“¿Quién es mi prójimo?” Para responder a esta pregunta, Jesús nos cuenta: “Un hombre bajó”… Sin introducción alguna, habla de un “hombre” que cae en manos de bandoleros “que lo despojan le dan una paliza dejándolo medio muerto al borde del camino.” 
Nos hace reflexionar la mención de los tres hombres que pasan: un cura, un levita y un samaritano.
Solo interviene el Samaritano, un “extranjero”. Vierte aceite sobre las llagas de la víctima, lo conduce al mesonero y, dándole dinero, le recomienda que cuide bien al herido.
La parábola, bajo varios aspectos, no parece ni completa, ni definitiva. Tampoco da sugerencias para evitar que las personas sean víctimas de la injusticia de los otros. El Samaritano no se nos presenta como modelo de una misericordia total y absoluta. No se muestra completamente responsable del otro que ha encontrado abandonado, y medio muerto en la calle, como si todo dependiera solamente de él. Continúa su itinerario, aunque éste haya sido ampliamente modificado.

La modestia de esta narración no es una excepción en Lucas. Al contrario, es una característica en todo su Evangelio: “¡Vivió haciendo el bien!” En reflexiones análogas Lucas dice claramente que en circunstancias imprevistas, Jesús hacía el bien a todas las personas que encontraba.
Dicho esto, da la impresión que la parábola del Samaritano es una narración “abierta” – no se ha dicho todo sobre la ética y la misericordia de las relaciones humanas.
La narración del Buen Samaritano es “fuerte”, precisamente porque incluye bajo múltiples facetas la “corporalidad” de la persona. En otro lugar, el evangelista Juan dice claramente: “El Verbo se hizo carne” (Jn 1,14). Efectivamente, si queremos saber más sobre el “Verbo”, sobre “Dios” y el “Espíritu”, debemos tomar en consideración estas dos palabras: “se hizo carne."

La parábola nos enseña que “la carne” es el lugar, el medio, el camino, el sacramento de la “revelación de Dios al hombre”. Sobre esta base, cada cristiano está llamado a ser también el “cuerpo” de Dios para el “otro” que está necesitado.

Hilde Vantomme, fmm
Provincia de Bélgica, Feroe, Holanda, Islandia.

 


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