Marie Adolphine (Anna Dierkx)

Nació el 8 de marzo de 1866 en Ossendrecht (Holanda). Hija de un hogar pobre, pierde pronto a su madre, y los seis huerfanitos son recogidos por los vecinos. Anne pasa a vivir con un matrimonio de obreros, más ricos de caridad que de dinero... En la escuela, atenta al estudio, piadosa en la oración, es la primera en el juego, alegre y comunicativa.

Al terminar la escuela primaria, comprende que debe ayudar a su familia adoptiva y se emplea como obrera en la fábrica del pueblo, como empaquetadora de café. Más tarde, pasa a servir en una familia con más posibilidades, y luego, va a la ciudad de Amberes para hacer el mismo trabajo.

La joven va madurando su personalidad y su fe: comprende que la alegría verdadera viene de un manantial que no se seca, y que este gozo se obtiene solamente al precio del sufrimiento.

Comienza a entrever que un AMOR enorme la llama, y su corazón encuentra paz en el deseo de servir a una fraternidad sin fronteras.

En 1893 entra al noviciado de las Franciscanas Misioneras de María de Holanda, en Amberes. A la pregunta ¿cuál es la razón de su deseo de ser religiosa?, responde “El deseo de sufrir por Nuestro Señor”.

Como la mujer fuerte de la Escritura, Marie Adolphine se entrega sin quejas inútiles a los trabajos más humildes y duros.

Derramar su sangre por la fe... Adolphine no se cree digna de ello, pero ¡parte! “Marie Adolphine es una hermana a quien se le puede pedir todo, dice su Superiora, Marie Hermine. Ella misma escribe: “Ojalá Jesús me dé la gracia de atraer a su amor a mis ayudantes chinas, pero para ello es necesario que cumpla mi misión como verdadera víctima, entregada totalmente a Dios y a las almas.” Y Dios escuchó su deseo. Marie Adolphine no faltó a la cita con el testimonio de la entrega total de su vida por la fe en Jesús.

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