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María
de la Pasión la recibe como probanista, es decir, entre las jovencitas que
aspiran a ser misioneras. En Francia completa sus estudios y fortalece su vocación.
En
1892 comienza su noviciado. Diversas experiencias en París, donde se encarga de
un grupo de jovencitas muy rebeldes, que Maria della Pace consigue calmar con su
bondad serena, le dan la oportunidad de seguir su proceso de maduración. Luego
va a Vanves para hacer sus primeros votos. Más tarde, participa en la fundación
de una comunidad en Austria: otra lengua, otras costumbres...
Todo
esto la va preparando para la partida a la lejana misión china. Allí tendrá a
su cargo la organización del orfanato, la parte material de la comunidad y, con
su hermosa voz italiana, se encargará también de la música y del coro.
Maria della Pace, silenciosa,
encontró la fuerza en la unión con Dios, en una oración constante y fiel. La
más joven de las siete, tuvo ante la muerte su hora de angustia, de agonía
como Jesús, pero también como El supo decir ¡Sí! Y entregó su vida
totalmente. Tenía sólo 25 años.
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