Marie-Hermine de Jésus (Irma Grivot)

Nació el 28 de abril de 1866, en Beaume, Francia. Hogar humilde, su padre construía toneles, y su madre se dedicaba al hogar.
Irma, de salud delicada, se manifestaba como una niña sencilla, recta, vivaz, afectuosa, sensible hacia la naturaleza y las cosas de Dios. Inteligente y estudiosa, terminó la escuela primaria en 1883.
La vocación religiosa de Irma no fue aceptada ni comprendida por sus padres, y creó, poco a poco, una situación -si no cruel en todo caso muy dura- para la joven, que trató de independizarse dando clases particulares.

En 1894 se presenta en Vanves y allí inicia su prenoviciado. Al verla tan delicada de salud, la dejan allí un tiempo para comprobar si podrá resistir la vocación misionera. Su exterior frágil oculta una voluntad de hierro que supera todas las dificultades.

Comienza su noviciado en Los Châtelets (Francia) en julio del mismo año, y recibe el nombre de Marie-Hermine de Jésus. Dicen que el armiño es un animal que prefiere la muerte a ensuciarse, y éste será uno de los propósitos de Hermine: “llevar la fe lejos, siempre intacta, prefiriendo la muerte a la mancha de la deserción”. Y así fue su vida y su muerte.

Mujer llena de ternura y firmeza, mujer humilde. Por su paciencia y su caridad supo crear fraternidad por donde iba pasando: en el noviciado, luego en Vanves donde tuvo a su cargo la contabilidad de la casa; más adelante, en Marsella, cuando se preparaba para el cuidado de los enfermos en la misión y, por fin, responsable del grupo en Tai-iuen-fou, supo conquistar a todos: obispos, sacerdotes, laicas consagradas, niñas, enfermos... y para sus propias hermanas fue madre, apoyo, animadora... hasta el final.

¿De dónde sacaba esa fortaleza? Una frase suya descubre, en parte, su secreto:

“La adoración del Santísimo Sacramento es la mitad de mi vida, la otra mitad consiste en hacer amar a Jesús y ganarle almas.”

Misionera ardiente, adoratriz, mujer de un solo amor. Hermine no huyó ante el peligro de una muerte atroz. Supo vivir las palabras del Maestro:  “No hay amor más grande que éste: dar la vida por sus amigos” (Jn 15,13).

2 3 4 5 6 7


Para más información:

Franciscanas Misioneras de María - Casa General
Via Giusti, 12,  00185 Roma,  Italia