Mártires de China

A través de estas páginas queremos acercarnos a la vida de siete misioneras que sufrieron la muerte, por su fe cristiana, junto con obispos, sacerdotes, seminaristas y laicos, en la lejana China. Son mártires, es decir, testigos: dieron su vida por fidelidad a Jesús y a su Evangelio. Hoy como ayer, la savia que alimenta y une a los mártires de antaño y a los de nuestros días, es la misma: la vida de Jesús, Testigo del Amor del Padre, y su mensaje de fraternidad sin fronteras, fraternidad cimentada en la justicia y la misericordia, fraternidad que construye la paz. Estos hombres y mujeres -testigos de hoy y de ayer-, tuvieron y tienen las mismas actitudes de fondo: apertura a Dios, disponibilidad al Espíritu, entrega cotidiana al servicio de la gente, amor verdadero.

Por eso, conocer las vidas de siete misioneras -siete Franciscanas Misioneras de María-, puede ayudarnos a comprender mejor el camino de Dios en nuestras vidas, y suscitar y afianzar en nosotros un compromiso -sencillo pero real- con el Evangelio.

En 1898, monseñor Francisco Fogolla, obispo coadjutor en Chan-Sí (China), viene a Roma. Desea llevar una comunidad de religiosas misioneras a su lejana misión de ese inmenso país de Asia, en donde crece un pequeño núcleo de nuevos cristianos. Hace falta la presencia de la mujer para expresar, de alguna forma, el misterio del Amor del Dios revelado en y por Jesús, desconocido aún para ese pueblo numeroso, el más numeroso de nuestro planeta.

Encuentra a María de la Pasión, Superiora general y fundadora de una Congregación nueva y que se dice específicamente misionera, es decir, que su razón de ser es llevar a los lugares más lejanos y difíciles la Buena Noticia de la salvación.

El obispo misionero expone las necesidades: organizar un pequeño hospital para los enfermos, que son tantos...; hacer del orfanato, que ya recoge varios centenares de niños, un espacio educativo más válido; enseñar y promover a las mujeres en lo referente al hogar, la higiene, la alimentación, la dignidad del trabajo... y, desde luego, la catequesis, la oración, el canto. Tantas cosas muy concretas, urgentes e importantes. Habrá que aprender bien el chino para que la comunicación pueda darse normalmente, las costumbres del pueblo... Esto no será fácil; el camino para llegar al Chan-Sí es largo, peligroso, toda una aventura.

María de la Pasión escucha, siente que Dios está deseando enviar allá a sus hermanas. Y después de reflexionarlo largamente, su respuesta es afirmativa: acepta el desafío. Busca entre sus hermanas y propone, a algunas, la nueva misión. Poco a poco, se va formando el “rostro” del grupo, el cual, como siempre que es posible en el Instituto de las Franciscanas Misioneras de María, se verá constituido por hermanas de diferentes nacionalidades.

He aquí el nombre de las siete que llegan al Chan-Sí:

Martirizadas el 9 de julio 1900, en Taiyuanfu (China)

 Beatificadas el 24 de noviembre 1946, en Roma, por el Papa Pío XII

Canonizadas el 1 de octubre 2000, en Roma, por el Papa Juan Pablo II

¿Quiénes eran?

Siete mujeres, de carne y hueso como nosotros, que salieron de Francia, Bélgica, Italia, Holanda... enviadas a China, al servicio de sus hermanos, por los cuales dieron sus vidas el 9 de julio de 1.900.
Siete religiosas con deseos de servir a Dios, a la Iglesia, a la misión... con sus dones, sus límites, su temperamento, su historia.
Siete Franciscanas Misioneras de María que tenían una característica común: el inmenso deseo de abrir sus vidas al Espíritu para responder, hasta el final, a la llamada de Dios.

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Para más información:

Franciscanas Misioneras de María - Casa General
Via Giusti, 12,  00185 Roma,  Italia